Los Pueblos Indígenas milenariamente hemos resistido en nuestros territorios desde la defensa de los derechos humanos y la vida en todas sus formas. En Colombia, en medio de las dinámicas históricas del conflicto armado interno, además de resistir, hemos construido procesos sostenibles de paz: paz entre comunidades y paz con la naturaleza. Así, hemos fortalecido alianzas como la que hoy nos convoca: una articulación entre la Corporación CIASE, una organización feminista mixta, y el Resguardo Indígena Panamazónico del Gran Tescual, unidos bajo un tejido de resiliencia transformadora y esperanza activa.
Esta alianza se ha consolidado a lo largo de años de trabajo horizontal, siendo el hito más reciente la construcción de la Estrategia de Ordenamiento en Biodiversidad y Cambio Climático. Esta estrategia se concibe como una respuesta colectiva y de largo aliento frente a la crisis climática y la pérdida de biodiversidad, que reorganiza de manera profunda las relaciones entre territorio, biodiversidad, cultura, economía y gobierno propio.
El territorio del Resguardo Indígena del Gran Tescual se cimenta en un ecosistema de transición entre los Andes y la Amazonía, constituyendo un territorio indígena ancestral panamazónico de importancia vital para la conservación de la biodiversidad y las cuencas hidrográficas. Ha sido habitado milenariamente por el Pueblo Indígena de Los Pastos, con una extensión de 10.174 has y en un proceso de medidas cautelares para la restitución 26.000 has.
Geográficamente, el Resguardo se encuentra ubicado en el municipio de Puerres en el departamento de Nariño, zona sur occidental del país, siendo uno de los 15 municipios más grandes del departamento, con una extensión de 478 Km2. Se encuentra a una altura promedio de 2.700 metros sobre el nivel del mar y tiene una temperatura media de 12°C. El municipio en el mapa de las regiones fisiográficas de Nariño se encuentra dentro de la región andina de la Cordillera Oriental.
Imagen: Representación de una ceremonia de armonización. Crédito: Elízabeth Hernández
Aportes a las metas del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal
La Estrategia del Gran Tescual aporta de manera concreta a las Meta 1, 3, 21, 22 y 23, que busca garantizar la participación plena, equitativa y efectiva en la conservación y uso sostenible de la biodiversidad, así como promover los conocimientos indígenas y formas de gobernanza territorial, conforme se menciona en el siguiente cuadro.
- Reconoce y fortalece el gobierno propio indígena como autoridad legítima en la gestión del territorio y la biodiversidad (Metas 1 y 3)
- Integra el conocimiento ancestral como base de la planificación climática y ecológica, superando visiones extractivas o meramente técnicas (Meta 21)
- Promueve la participación diferenciada de mujeres indígenas, jóvenes y mayores, asegurando una gobernanza inclusiva e intergeneracional (Meta 22)
- Defiende el territorio como sujeto vivo, vinculando biodiversidad, espiritualidad, cultura y Buen Vivir (Meta 3)
- Posiciona al pueblo Pasto como actor político del clima y la biodiversidad, con capacidad de incidencia local, nacional e internacional (Meta 20).
Acciones o actividades desde el territorio
Ordenamiento territorial propio (planeación espacial), que permite el uso y aprovechamiento de los recursos por pisos ecológicos y mediante la participación directa y plena de toda la comunidad. Monitoreo ecológico propio.
Sistemas agroalimentarios ancestrales y agroecológicos, donde la chagra se consolida como núcleo de conservación de la biodiversidad, transmisión de saberes y soberanía alimentaria.
Economías transformadoras y del cuidado, que integran transición energética comunitaria, turismo biocultural y circuitos económicos locales coherentes con los límites ecológicos.
Democracia incluyente y transformadora, fortaleciendo el gobierno propio, la formación política comunitaria, el diálogo intergeneracional y la incidencia multiescalar en políticas públicas climáticas y de biodiversidad.
Gestión del conocimiento intercultural, a través de la integración entre los saberes ancestrales y conocimientos convencionales. Esto se combina con la tecnología actualizada para fortalecer la incidencia en la población más joven, así como las instituciones de nivel nacional e internacional. Por ejemplo, tenemos un geovisor ambiental embebido en nuestra página web, el cual sirve para localizar y espacializar diferentes lugares y procesos de importancia para toda la comunidad. Además, existe la Escuela Viva, y otros espacios de diálogo de saberes, que articulan ciencia ambiental y climática con conocimiento ancestral.
Estas acciones se orientan a transformar las condiciones estructurales que afectan la biodiversidad, garantizando participación efectiva, liderazgo indígena y control territorial, como se describen a continuación.
Imagen: Monitoreo ambiental participativo. Crédito: Elízabeth Hernández
Ordenamiento territorial propio (planeación espacial)
El espacio andino-amazónico del Resguardo Gran Tescual se organiza desde una cosmovisión ecológica basada en los sistemas hídricos. En este convergen los ríos voladores que llegan desde la Amazonía, las fuentes hídricas centradas en el ecosistema de páramo y las estribaciones amazónicas, así como las aguas subterráneas. Por ello, en lengua propia el territorio se denomina «Tescual» —agua de lejos—, concebido como un territorio femenino, de acuerdo con la lectura territorial, la cosmovisión y los saberes de los mayores.
Monitoreo y análisis propios del territorio
Las acciones comunitarias centradas en la Guardia Indígena Ambiental, organización comunitaria propia de los Pueblos Indígenas, tienen como propósito vigilar, proteger y cuidar el territorio y la vida desde el gobierno propio. Estas acciones se desarrollan a través de recorridos con un enfoque biocultural que conecta con los espacios sagrados y de importancia ecológica. Logran una participación intergeneracional de mujeres, personas mayores y jóvenes que participan y lideran monitoreos comunitarios para la protección de especies como el oso andino y aves insignia a partir de prácticas cotidianas, complementado con sistemas de cámaras trampa, grabadoras de sonidos y monitoreos con guías propias del territorio.
Los recorridos se complementan con mingas de pensamiento y talleres de diálogo de saberes, que permiten definir percepciones de cambio de los ecosistemas, las fuentes hídricas y preservación de especies en el territorio. Asimismo, se trabaja desde la cartografía social para sumar registros al Sistema de Información Geográfica Comunitaria, y la construcción de guías etnobotánicas, etno-ornitológicas y de orquídeas amazónicas. Todas estas herramientas integran el diálogo de saberes propios y científicos.
Anualmente, la comunidad ha celebrado el Global Big Day —un evento anual e internacional de observación de aves— como plataforma que impulsa la investigación y la observación de aves. En la comunidad, este evento vincula la participación de científicos, jóvenes y sabedores desde la zona andina y de piedemonte amazónico, distinguiendo diversidad de aves clasificada por la cantidad y clasificación de especies.
Figuras de conservación para contrarrestar presiones externas
Es importante referenciar cómo el bioma andino-amazónico sufre bastante presiones externas. Por un lado, hay presiones de empresas mineras para exploración y explotación de cobre y derivados, y de otro lado, hay empresas petroleras que están encargadas del transporte de hidrocarburos desde la amazonia hasta el pacífico a través del Oleoducto Trasandino. Para contrarrestar esta situación se han buscado figuras de protección y conservación del territorio desde la gobernanza propia a partir de figuras como la constitución del Resguardo, TICCA, OMEC, KBA y Declaratoria de Área Protegida Cerro Negro-San Francisco.
De esta forma, el Resguardo, como figura legal de reconocimiento del territorio, ha permitido que la comunidad ejerza su derecho colectivo a administrar el territorio desde la gobernanza propia, orientando un proceso bajo la consigna de «recuperar el pensamiento para recuperarlo todo». Actualmente se ha logrado un registro como territorio TICCA (Territorio y Áreas Conservadas por Pueblos Indígenas) a nivel nacional e internacional reconocido por PNUMA-WCMC. Asimismo, se busca constituir un territorio OMEC (Otras Medidas Efectivas de Conservación por Áreas), a partir de ecosistemas vitales de páramo y bosque alto andino para las aves endémicas y migratorias.
Igualmente, en este ecosistema de páramo de alta montaña, se viene adelantando un proceso de estudio y diálogo sobre la declaración de un área protegida denominada «Cerro Negro–San Francisco». Esta es un área estratégica ambientalmente compartida con otros resguardos para ser registrada en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas -SINAP- de acuerdo con legislación colombiana para conservar la biodiversidad y regulación de actividades. Lo importante de esta Área Protegida es que antepone el respeto y formas de gobernanza propia existentes en nuestro territorio del Resguardo del Gran Tescual. También queremos asegurarnos de que esta área se registre como una contribución a la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, en calidad de Territorio Indígena y Tradicional, apoyando de esta manera a las propuestas del Foro Internacional Indígena sobre Biodiversidad (FIIB).
Asimismo, se ha generado un diálogo desde el gobierno propio indígena con los entes gubernamentales, mediante la implementación del Decreto No. 1275 del 15 de diciembre de 2024 que reconoce la autoridad ambiental a las autoridades indígenas en nuestros propios territorios a nivel nacional, la implementación de medidas efectivas de conservación y la co-gobernanza entre instituciones y comunidades para la comunidad.
Estas figuras buscan fortalecer y proteger el territorio jurídicamente, generar procesos culturales y generar la conservación efectiva a nivel ambiental.
Imagen: Panorámica del territorio indígena del Gran Tescual. Crédito: Elízabeth Hernández
Consecuencias del conflicto armado y medidas para contrarrestarlas
Es importante contextualizar como el conflicto armado interno que sufrió Colombia generó afectaciones ambientales, culturales y territoriales. Se contaminaron fuentes hídricas, ecosistemas de alta sensibilidad como el páramo y la pérdida de especies endémicas como el tapir andino y amazónico. Posterior a la firma del Acuerdo de Paz, como comunidad se solicitaron medidas para el desminado al territorio de minas antipersonal lo que permitió avanzar en la constitución de áreas libres del peligro.
Actualmente, mediante demanda al Estado colombiano, como comunidad se busca la adopción de medidas cautelares de forma urgente para la protección, seguridad y reparación colectiva del territorio y la comunidad de las afectaciones provocadas por empresas, instituciones y grupos armados. De ahí que, el fortalecimiento de la gobernanza comunitaria y el conocimiento del territorio permiten reconocer con precisión las problemáticas para el ordenamiento territorial propio para fortalecer los procesos de paz, los derechos territoriales indígenas y acciones preventivas.
Estrategia de restauración ecológica
Por otra parte, el aprovechamiento de los recursos ecológicos se determina a partir del análisis entre la producción alimentaria y el cuidado de los ecosistemas. La estrategia de restauración ecológica, bajo el principio natural de «restaurar el pensamiento para restaurar el territorio», comprende que los procesos de reforestación se dan a partir de la reproducción de semillas de plantas nativas, las prácticas cotidianas de cuidado de las plantas, las prácticas propias de multiplicación, y el cuidado en el crecimiento y la cosecha. Este diálogo entre la visión espiritual, medicinal y cotidiana de las plantas ha fortalecido los saberes y la comunidad.
Para ello, se cuenta con viveros en la zona andina y de piedemonte amazónico de infraestructura en bioconstrucción con técnicas ancestrales como adobe, tejado y madera. Estos procesos de adaptación al cambio climático sirven como centros de aprendizaje, multiplicación de plantas y cuidado inicial por parte de mujeres del resguardo. Se recolectan las semillas en el bosque, el mantillo de montaña y otras semillas propias. La propagación de semillas mediante la metodología acierto-error ha permitido demostrar técnicas efectivas para el territorio.
Se ha reforestado áreas claves como reservas ecológicas con apoyo de la comunidad pasando del monocultivo de eucalipto a una diversidad de plantas nativas como motilón, carbunquillo y moquillo. Otras acciones implementadas se han delimitado en la georreferenciación de áreas de conservación como fuentes hídricas y zonas de estrés hídrico para la regeneración de bosques y páramo.
Existen resultados de este proceso de monitoreo e investigación como es la guía botánica ilustrada del Resguardo Gran Tescual, el diagnóstico de biodiversidad y medios de vida, estrategia de adaptación climática. Actualmente, se busca avanzar en la construcción de guías sobre ajíes, aves, anfibios y helechos.
Sistemas agroalimentarios ancestrales y agroecológicos
La experiencia de la comunidad indígena se ha orientado desde una perspectiva del cuidado del alimento. Lo que ha sido fundamental para esto es el diálogo desde la memoria ancestral sobre las técnicas de producción basada en el cuidado del suelo, la semilla, la siembra, el cultivo y la cosecha, guiado por los ciclos de la luna. En este sentido, el proceso de transición agroecológica, no solo se ha entendido como un sistema de acciones, sino como un movimiento social que genera conciencia, participación y activismo social en torno a la agroecología. Ofrece una oportunidad para cuidar la salud física, mental y emocional de cada familia indígena que conecta con la fuerza del territorio.
La técnica, como una forma de uso y costumbre de las comunidades, se ha fundamentado desde la recuperación del suelo, el cual ha estado presionado con las prácticas productivas desde el uso del agrotóxico. Para esto se ha implementado los sistemas de transición con la preparación y aplicación de abono orgánico para la recuperación de microorganismos, lo cual genera una relación de cuidado del suelo para poder sembrar la semilla nativa, y la obtención de alimentos que contribuyen a la salud como base para la vida y el bienestar.
La shagra o chagra, siendo centro de encuentro comunitario y de investigación científica desde un enfoque de saberes, se ha logrado identificar los sistemas de trabajo que registran estudios de trabajo en campo y la réplica sobre aprendizajes. Ha fortalecido un proceso de transición en el posicionamiento de la agroecología como un movimiento social por la salud y la vida, superando gradualmente la agricultura convencional.
Culturalmente, se ha priorizado los valores y principios que rigen a la comunidad a partir del trabajo en la chagra, esto como una forma de implementar una educación propia. Esta educación relaciona investigación en biodiversidad, la comprensión del derecho mayor y la ley natural para dimensionar como el cuidado de todo el ciclo productivo requiere la preparación. Esta preparación se centra en la transmisión de conocimientos, incluyendo un constante diálogo intergeneracional, que permite la permanencia del ciclo productivo y la pervivencia de los saberes desde los mayores hacia los niños, niñas y jóvenes de la comunidad.
La biodiversidad comprendida desde la relación con la chagra, integra una definición mucho más amplia. La comunidad indígena relaciona la chagra mayor con la existencia de la montaña fuente de reserva del agua, que fluye en el sentido de dar humedad al suelo, y este a la vez con la semilla para dar vida al ciclo de germinación que vincula el tiempo y el espacio. Estas creencias tradicionales que vinculan con la chagra ha implicado avanzar en una planeación de la gestión hídrica para mantener suelos vivos, y por tanto, obtener alimentos saludables.
Los productos que han sido referencial desde el trabajo en la chagra, están direccionados en las capacidades que tiene el suelo para la producción. En lo andino, está representado por la siembra de la papa, la cebada, el maíz, la mora, hortalizas y frutales que permiten generar acciones de venta e intercambio. Respecto a la zona de la amazonia se ha direccionado un proceso de mejorar los suelos para garantizar un ciclo productivo con mayor rentabilidad y cuidado de la planta, básicamente hacia la caña, frutales y forestales. Esto ha logrado delimitar áreas de importancia para el cuidado de la biodiversidad, lo que permite una soberanía en las formas como en los resultados de la chagra experimental, o sea, cultivos asociados experimentales en la chagra mayor o la chagra familiar.
Imagen: Trabajo colectivo (minga) para la seguridad alimentaria. Crédito: Elizabeth Hernández
Economías transformadoras y del cuidado
Las Economías Transformadoras y del cuidado representa el fuego que permite al pueblo Pasto del Gran Tescual sostener la vida sin depender de modelos extractivos ni de mercados que fragmentan el territorio. Reconfigura la relación entre energía, trabajo, espiritualidad y comunidad. Estas acciones buscan eliminar la división de género del trabajo entre hombres y mujeres, reconociendo las sobrecargas del cuidado de las mujeres en territorios rurales. El cuidado del territorio se construye de manera conjunta entre mujeres y hombres, fortaleciendo vínculos comunitarios que sostienen la vida. Por eso se subraya la necesidad de superar enfoques individualizados de emprendimiento y avanzar hacia propuestas colectivas, encadenadas y territorializadas.
Es importante entender cómo surge un sistema de pensamiento que transforma la planeación y las prácticas cotidianas. Esta nueva mirada desafía las estructuras de un sistema que controla los sistemas culturales hacia una dependencia extractivista de los recursos naturales.
El Gran Tescual se constituye desde una episteme que pone en el centro el cuidado de la vida, de la naturaleza territorial y del ser humano, comprendiendo una dimensión integral de la conexión entre el bienestar y la sostenibilidad de la vida en todas sus dimensiones.
Por ello, la planeación estratégica desde el territorio constituye una ruta de trabajo que vincula la relación económica con un lugar situado. Reconoce desafíos y acciones que transformen el vínculo con la tierra, la semilla, innovaciones estratégicas de organización comunitaria. Todo esto crea un concepto de riqueza en la medida que habite un lugar libre de contaminación de las fuentes hídricas, del aire, cuidado de la biodiversidad, un suelo productivo para obtener alimentos saludables y la generación de circuitos de comercio justo de sostenibilidad económica y tejido social.
Turismo biocultural, circuitos económicos y la transición justa
De esta forma, se llevan a cabo múltiples acciones a través del turismo biocultural como estrategia de vida colectiva. El territorio cuenta con un plan turístico basado en los «cinco mundos de vida», así como con un proceso técnico orientado a fortalecer el turismo comunitario, la valorización del patrimonio cultural y el reconocimiento del territorio como espacio vivo. Este enfoque destaca el potencial de sitios sagrados, la memoria ancestral, la gastronomía, el sincretismo y la riqueza natural. A su vez, se sustenta en encadenamientos productivos que integran las chagras, reservas comunitarias y emprendimientos liderados por mujeres, asegurando que los beneficios se distribuyan de manera equitativa y coherente con los límites ecológicos.
Los circuitos económicos locales fortalecen la autonomía y la solidaridad a través de prácticas propias como el trueque entre regiones andinas y amazónicas, y el mindalae, un sistema comunitario de intercambio donde cada persona aporta y recibe productos. Estas dinámicas se articulan con celebraciones ancestrales como el Kolla Raymi (fiesta de la luna), que reconoce el valor de las semillas, la feminidad, la fertilidad y el agua.
Asimismo, se impulsan emprendimientos comunitarios como un restaurante gestionado por mujeres, la producción de canastos en yare y tejidos e hilo, y procesos agroecológicos de producción de compost estático para las huertas y chagras. Las chagras demostrativas no solamente son espacios de transición agroecológica, sino que fomentan prácticas culinarias y espirituales que mantienen el bienestar social. Estas iniciativas se apoyan en estructuras colectivas como la empresa comunitaria EMAIGRANT, que promueve la sostenibilidad financiera desde principios de solidaridad, y en herramientas innovadoras como la moneda Tescual, que redefine el valor económico en relación con el agua y el tiempo. Se la denomina Moneda Tescual, porque ello representa una especie de sello verde para los productos de origen de las chagras agroecológicas del Resguardo Indígena Gran Tescual, que al adquirir estos productos se otorga un certificado agroecológico otorgado por la comunidad.
La transición energética en el territorio se entiende como un proceso de transición justa con gobernanza comunitaria, que busca transformar prácticas extractivas heredadas hacia formas de vida sostenibles. Frente a dinámicas de mercado impuestas, se fortalecen alternativas desde la cotidianidad, como la soberanía alimentaria en la chagra y la reconversión de medios de vida, pasando de actividades como la producción de carbón vegetal a otras más sostenibles. Este proceso también reconoce la dimensión espiritual y geográfica del territorio, donde confluyen las placas tectónicas suramericana y de Nazca, interpretadas en la cosmovisión del pueblo Pasto como «el fuego interior». Representan la conexión que se da desde el mundo andino con lo amazónico y como su estabilidad también depende del equilibrio de los minerales que equilibran el centro energético y la vida del territorio, manteniéndolo en equilibrio y armonía, o lo que se genoma la paz con la naturaleza.
Democracia incluyente y transformadora
La comunidad del Resguardo Indígena Gran Tescual, reconoce y se apropia de un proceso de memoria histórica como pueblo Pasto. A través de este ejercicio, sitúa las relaciones de despojo e injusticia social derivadas del desconocimiento de sus sistemas propios de gobierno territorial. Esta experiencia organizativa surge de la resistencia y se enfoca en la recuperación del territorio como pilar para la pervivencia cultural frente a procesos de invisibilización y de imposición de identidades ajenas a la armonía con la naturaleza.
Es imperativo analizar cómo el colonialismo externo no solo ejerció control territorial, sino que fragmentó el sentido de apropiación colectiva, dando paso a «colonialismos internos». Estos se reflejan en dependencias históricas dentro de sistemas sociales, económicos y políticos que imponen figuras de poder, como la democracia liberal, ajenas a las comunidades originarias. En contraste, las formas organizativas indígenas emanan del equilibrio y la lectura del cosmos; de ahí que la cosmocracia constituya un sentido de organización basado en el respeto a los principios naturales y el diálogo con los espíritus mayores.
Bajo esta premisa, la acción del Gran Tescual se contextualiza en la resistencia y la resiliencia. Esta última permite comprender las lógicas de la memoria ante crisis globales como el cambio climático. Solo así es posible consolidar un sustento epistemológico que dialogue entre lo global y lo local, planteando un concepto de democracia en interlocución permanente con la cosmocracia.
En pleno siglo XXI, el Gran Tescual construye un camino de autonomía que dialoga con la diversidad ideológica para garantizar su pervivencia. Ante la pregunta «¿Cómo dimensionar el gobierno propio frente al cambio climático?», la comunidad responde con una política comunitaria del «cuidado de la vida». Al reconocer marcos normativos internacionales y nacionales, el Resguardo ha construido instrumentos de planeación territoriales que armonizan los debates globales con la praxis local. Este reto consolida una conciencia colectiva capaz de incidir en la política pública y transformar el relacionamiento con el territorio ante las múltiples crisis globales.
En consecuencia, el accionar comunitario del Gran Tescual, bajo el enfoque del cuidado de la vida, se sustenta en la práctica cotidiana como un acto político e intercultural. Este diálogo permanente vincula a hombres, mujeres, sabios, jóvenes y niños, quienes conforman una base comunitaria capaz de incidir tanto en los espacios de toma de decisiones del gobierno propio como en la política pública ambiental y en procesos de investigación sobre biodiversidad. Estas formas de liderazgo parten del reconocimiento del individuo como eje de transformación; una transición que inicia al integrar saberes ancestrales con conocimientos técnicos. Dicho equilibrio permite responder localmente a las dinámicas globales, creando sistemas de innovación en la planeación hacia un ordenamiento climático más justo y en armonía con la pervivencia de los pueblos en el tiempo y el espacio.
Gestión del conocimiento intercultural
La gestión del conocimiento intercultural en el Resguardo Indígena Gran Tescual constituye una apuesta por fortalecer la relación entre memoria ancestral, formación comunitaria, innovación y defensa territorial. No se trata únicamente de transmitir información, sino de sostener un proceso vivo de aprendizaje colectivo en el que dialogan los saberes propios del Pueblo Pasto con herramientas de análisis, documentación, monitoreo y comunicación.
En este camino, la Escuela Viva se ha consolidado como uno de los principales espacios pedagógicos y comunitarios. Se trata de una estrategia que acompaña de manera constante los distintos procesos organizativos en el territorio. A través de ella se tratan diferentes temas según la necesidad y desafío actual: biodiversidad, cambio climático, monitoreo comunitario, cuidado del agua, gobernanza territorial, economías del cuidado, soberanía alimentaria, memoria biocultural y formación intergeneracional.
En el marco del proyecto Conserva Aves, la Escuela Viva ha tenido un papel relevante al facilitar procesos de formación comunitaria sobre el cuidado del territorio, la protección de las aves y el fortalecimiento de sistemas de monitoreo. Estos han contribuido para generar nuevos conocimientos que dialogan con los saberes y capacidades de los liderazgos que caminan el territorio para la protección de la biodiversidad. Los espacios de la escuela han permitido que la comunidad en general participe en experiencias de aprendizaje vivencial, y cabe mencionar que el conocimiento ambiental no se limita a la dimensión técnica, sino que se enlaza con la historia, los usos, los ciclos de la vida y la responsabilidad conjunta con respecto a la vida y espiritualidad que habitan en el resguardo.
Uno de los avances a resaltar ha sido la creación de una herramienta tecnológica que se llama el Geovisor del Resguardo Gran Tescual. Está incorporado a la página web, el cual permite ubicar y visualizar espacialmente lugares, procesos y elementos de importancia ecológica, cultural y organizativa. Esta herramienta complementa la memoria de territorio, de los sabedores y sabedoras, facilitando que los conocimientos locales puedan dialogar con instituciones, aliados y nuevas generaciones de manera accesible.
Un avance importante en línea de gestión del conocimiento, es la sistematización de las experiencias y hechos que han marcado el proceso de trabajo del Gran Tescual. Este último ha sido muy significativo en línea de revitalizar la memoria de resistencia territorial, identidad comunitaria y trabajo social organizativo, también fortaleciendo los espacios de encuentro desde una perspectiva intercultural. Hemos podido capacitar las nuevas generaciones para que puedan visibilizar la historia, la lucha, la organización, la resiliencia en medio de los conflictos y las dinámicas de gobernanza que se sustentan en el pensamiento colectivo y buen vivir desde una armonía con el territorio.
La importancia de la sistematización de la memoria del Gran Tescual, ha logrado una interacción muy importante con otras comunidades étnicas, Pueblos Indígenas y organizaciones de la sociedad civil, lo cual ha permitido reconocer los procesos de transformación desde un enfoque de resiliencia. Somos una comunidad que surge desde los escenarios de resistencia, en medio del conflicto armado, la estigmatización por el desconocimiento histórico de la pertenencia étnica, generalmente ocurrido por las múltiples formas de colonización que se dieron hacia los Pueblos Indígenas en Colombia. Esto nos ha permitido no solo caminar desde la historia sino también validar el importante pensamiento y el aporte que se puede plantear como comunidades indígenas en pleno siglo XXI, en lo particular El Gran Tescual en su capacidad de reconocer las múltiples crisis mundiales en torno al cambio climático, lo económico, lo alimentario y lo social. A la vez, esto permite plantearse formas de trabajo y respuesta desde el territorio para la pervivencia cultural y física de los pueblos indígenas en armonía con la naturaleza.
Estos aprendizajes fueron recogidos en la estrategia de ordenamiento climático «Gran Atuczara», un documento vivo que cuenta con tres tulpas: agua y restauración; economías transformadoras y del cuidado; y democracia y relacionamientos. Sus ejes de acción son de mitigar, transformar e incidir, siendo una visión política que fortalece la gobernanza propia del resguardo y su plan de vida. Tenemos el reto de implementar y lograr un plan de adaptación construido desde lo local que sirva de inspiración global.
Relación con la Estrategia Nacional sobre Biodiversidad y Plan de Acción Colombia
Este estudio del Resguardo del Gran Tescual, se relaciona con la Estrategia Nacional de Restauración, que se focaliza básicamente en dos aspectos:
- Estrategia Nacional de Restauración (ENR 2023-2026): Enfocada en restaurar la biodiversidad con metas alineadas al Marco Mundial de Biodiversidad (2020-2030) una de estas metas (Meta 3) es restaurar el 30% de ecosistemas degradados para 2030
- Metas a 2030: Colombia busca consolidar el 34% de conservación en áreas terrestres, continentales y marino-costeras mediante áreas protegidas y territorios comunitarios.
Desde esta mirada, se observa que los Territorios Indígenas y Tradicionales constituyen una vía principal para la contribución de los Pueblos Indígenas a la conservación, siempre que su reconocimiento se base en derechos territoriales, fortalecimiento del gobierno propio, y autonomía.
En la Estrategia Nacional se ve igualmente en la necesidad de avanzar en la formalización jurídica de territorialidades. Para ello, será necesario incorporar los Planes de Vida y formas propias de ordenamiento, fortalecer sistemas comunitarios de información y monitoreo biocultural, y definir indicadores cualitativos y cuantitativos que permitan medir la contribución territorial a la Meta 3.
Se destaca asimismo la experiencia colombiana de concertación de acciones e indicadores con Pueblos Indígenas en el marco del Plan de Acción de Biodiversidad al 2030. Allí se plantea, entre otras medidas, diseñar y adoptar la categoría de «territorios indígenas» para el informe nacional de la contribución indígena a la conservación, identificar territorios bajo criterios acordados, y construir una ruta interinstitucional concertada para la implementación efectiva de la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal.


